La onicomicosis es una infección por hongos de la lámina de la uña. Es muy frecuente —se estima que afecta a una parte importante de la población adulta— y tiende a avanzar lentamente durante meses o años. Lo importante: no desaparece sola y, mientras está, puede contagiar al resto de las uñas y a la piel del pie.
Señales típicas
- Uña más gruesa de lo normal, que cuesta cortar.
- Color amarillento, café o blanquecino, a veces por manchas.
- Borde que se desmenuza o se separa del lecho de la uña.
- Pérdida de brillo y superficie irregular o estriada.
- A veces mal olor, o descamación de la piel entre los dedos (pie de atleta asociado).
Qué hacemos en la sesión
El paso clave es el fresado de la lámina: reducimos el grosor de la uña infectada. Eso cumple tres funciones a la vez — alivia la presión y el dolor al caminar, retira gran parte de la carga de hongos, y permite que cualquier tratamiento tópico penetre de verdad en vez de quedarse en la superficie.
- Reducción del grosor y limpieza del material infectado.
- Revisión del resto de las uñas y de la piel para frenar el contagio.
- Indicaciones de aplicación del tópico y de higiene del calzado.
- Controles periódicos para acompañar el crecimiento de uña sana.
Cuánto demora, con honestidad: la uña del pie crece lento. Ver una uña completamente nueva y sana toma habitualmente entre 9 y 12 meses de tratamiento constante. Desconfía de quien te prometa resultados en semanas. Los casos extensos o resistentes pueden requerir tratamiento oral indicado por un médico — si es tu caso, te lo diremos.
Cómo evitar que vuelva
- Secar bien entre los dedos después de la ducha; el hongo vive en la humedad.
- Alternar el calzado para que alcance a secarse entre un uso y otro.
- No andar descalzo en duchas de gimnasio, piscinas ni camarines.
- Usar calcetines de material que transpire y cambiarlos a diario.
- No compartir cortauñas ni limas, y desinfectar los propios.